Quito: entre la ira y la esperanza

Categoría: Editoriales
Publicado el Jueves, 20 Febrero 2014 12:47
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Por Diego Borja Cornejo

El Alcalde Barrera ha realizado muchas obras durante su administración. Ha construido rutas, calles, parques, plazas, ha realizado acciones para organizar el tránsito -pico y placa-, ha ejecutado acciones en el plano de la seguridad y la vigilancia, ha hecho acciones de recuperación y ordenamiento urbano. Los datos sobre la "obra pública" están a disposición de los amantes del balance estadístico y aritmético, pero sobre todo está a disposición de muchos usuarios que se han beneficiado de la obra municipal.

Durante la administración de Barrera ha habido problemas de eficiencia, de gestión, de administración, de eficacia. Han habido demoras en las obras, molestias en las calles que dificultan el tránsito, errores y, por supuesto, ni de lejos se han resuelto los problemas de la ciudad. Queda mucho por hacer y siempre quedará mucho por hacer.

En el discurso político del opositor siempre se pondrá el énfasis en lo que falta y en lo que falla.

Al comparar los programas de acción que plantean tanto Barrera como Rodas, el corazón de la propuesta de obra pública, es muy parecido. En algunos casos, lo planteado por Rodas ya lo ha ejecutado Barrera. Otras cosas que en principio rechazaba Rodas –como la construcción del Metro- ha tenido que reconocer públicamente que son buenas ideas y que en caso de que gane continuará con esa obra.

No existe una propuesta de ciudad sustantivamente diferente por parte de ninguna de las dos candidaturas y eso sigue siendo el gran ausente para Quito. No hay una propuestas de participación ciudadana que profundice la democracia, la convivencia armónica, la apropiación política de la ciudad. No existe una propuesta de producción que dé salida al empleo, el emprendimiento, la producción sustentada en el conocimiento, el impulso de formas productivas populares. No hay una propuesta de acción colectiva para resolver el problema de la inseguridad. No hay una propuestas acorde con los tiempos en cuanto a los problemas ambientales, incluyendo el uso productivo de la basura, la limpieza del río Machángara, etc.

El vacío de propuesta en esos aspectos no lo llenan ni Rodas, ni Barrera.

¿Cómo explicar, entonces, el ascenso que al parecer tiene la candidatura de Rodas, si ambos se centran en lo mismo: la cantidad de obras y muchas de ellas ya las hizo la actual alcaldía?

Son las omisiones políticas de Barrera, que han provocado descontento y antipatía de los quiteños y quiteñas, lo que está capitalizando la candidatura de Rodas. Esto no deja de ser un contrasentido, porque son omisiones en cuanto a posturas de democracia avanzada –no solo formal-, actitud que no corresponde ni al espíritu, ni a los intereses, ni a la ideología de Rodas y en general de la alianza SUMA - VIVE.

Esta ausencia de postura política de Barrera incluye desde cosas aparentemente triviales, como el no haber impuesto su liderazgo cuando se iba a discutir el nombre del aeropuerto. Pero incluye también el no haber colocado la impronta del líder que esperaba la ciudad en temas como: el binomio presidencial -no sólo desde una perspectiva de equilibrio regional, sino de representación política-; el no haber reclamado sobre la falta de tolerancia del Presidente hacia la actitud irreverente de Jaime Guevara, o la crítica periodística de Bonil; el no haber reclamado la postura represiva con los 10 de Luluncoto o contra los estudiantes de varios colegios de Quito que salieron a protestar en las calles; o ante las medidas "disciplinarias" que le impuso el movimiento político del Presidente a una asambleísta de Pichincha. Incluso, podría estar pasando factura el silencio de Barrera, dirigente político del Movimiento País, ante las exclusiones de personas y organizaciones políticas que aunaron al proyecto político de Correa y que mayoritariamente son quiteñas.

Todas estas omisiones caen en el campo de la reivindicación democrática de un Quito que tiene un acumulado de conciencia política, forjada en una larga tradición de lucha estudiantil y de las clases medias, obrera, popular, poblacional e indígena. Caen en el campo de un Quito que se reconoce, múltiple, heterogéneo, variopinto, tolerante con las más diversas posturas en cuanto a la libertad de culto, de opinión, de preferencia sexual, de expresión cultural, de contenido étnico. De un Quito que se constituye como cuna de la independencia, Luz de América, y que ha plegado mayoritariamente al espíritu de soberanía y a la conciencia antioligárquica y antiimperialista, que recorre Latinoamérica.

Por eso me resulta difícil suscribir la tesis que se ha dado en señalar que la presencia del Presidente Correa le resta votos a Barrera.

Creo que lo que le resta votos es el no haber logrado diferenciar el liderazgo del Alcalde frente al del Presidente Correa, que incluso puede generar molestia y hartazgo cuando prevalece su lado arrogante y autoritario, pero que los quiteños hemos apoyado cuando prevalece su lado de dignidad y altivez.

Los quiteños hubiéramos preferido un liderazgo desde la alcaldía que pueda mostrar posturas democráticas, de crítica y autocrítica ante el Presidente, cuando esto ha sido necesario, sin que aquello signifique enfrentarse o enemistarse. Claro está que en el maniqueísmo de muchos de los colaboradores del Presidente -que por cierto le hacen flaco favor- la discrepancia, el debate, la crítica, la autocrítica se ha proscrito, cuando son componentes esenciales de cualquier práctica democrática y más aún de cualquier práctica revolucionaria. Es más, a despecho de esas actitudes, Quito hubiera reconocido una actitud de liderazgo autónomo del Alcalde. No de otra forma se explica que el discurso digno, altivo, soberano del Presidente haya tenido tanto apoyo en esta ciudad.

También explica el ascenso de la candidatura de Rodas ciertas decisiones erráticas (un llamado por parte del Presidente a "votar nulo" a quienes no quieren votar por Barrera -http://www.elmercurio.com.ec/418702-correa-pide-anular-el-voto-antes-que-darselo-a-rodas/#.UwWP4I7tgV8-; modificar la jefatura de campaña; ceder a la demagogia de eliminar multas y peajes, etc.)

En el balance final, la candidatura de SUMA – VIVE ha logrado generar una opinión de cercanía con la gente, de sensibilidad frente al clamor ciudadano frente a supuesta falta de capacidad de gestión de la Alcaldía, de autonomía frente al Presidente y sobre todo de democracia. "Soy un demócrata, repite continuamente Rodas".

Probablemente una parte de Quito que sueña y trabaja por un presente y un futuro mejor dará un voto castigo a las omisiones de liderazgo político de Barrera.

Pero también, ese Quito consiente que busca la transformación de la realidad, que no se contenta con lo que ha logrado, no puede dejar de ver lo que hay por debajo de la venta publicitaria que quiere mostrar una candidatura fresca y moderna. No puede dejar de percibir lo que desde el inicio percibía: la ideología neoliberal y conservadora de la que hizo gala desde la Fundación Ethos; su apoyo frontal al candidato de la derecha venezolana Capriles y a la acción –no precisamente democrática- de no reconocer su derrota electoral; los intereses económicos a los que representa la alianza SUMA – VIVE, de Rodas y Ricaurte, que lejos de ser "fresca y moderna" tiene el tufillo de los viejos designios de la minoría poderosa de Quito y del País.

Da la impresión que la candidatura de la Alianza SUMA – VIVE antes que frescura muestra el enorme vacío cultural del poder y de las clases dominantes, que Agustín Cueva, ese gran intelectual ecuatoriano, ya en 1967 señalaba en su obra "Entre la ira y la esperanza".