Sectarismo

Categoría: Editoriales
Publicado el Miércoles, 26 Febrero 2014 12:00
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Por Diego Borja Cornejo

Resulta muy importante que el Presidente Rafael Correa haya incluido al "sectarismo", como uno de los errores que explicarían la pérdida electoral del actual Alcalde de Quito (http://www.elcomercio.com.ec/politica/rafael_correa-elecciones_2014-quito-augusto_barrera_0_1090690985.html). Esto denota la voluntad, por más mínima que sea, de realizar un ejercicio de autocrítica, crucial luego de los resultados electorales del pasado domingo, por parte del líder del gobierno y del movimiento político gubernamental.

Este ejercicio de autocrítica es muy importante, porque la postura del Presidente de la República y Presidente del Movimiento Alianza País (AP), da línea a las posturas que tienen el resto de voceros de AP, que en los últimos días se han caracterizado por estar, más bien, en un estado de negación de lo sucedido (ver por ejemplo, las declaraciones de la asambleísta Ximena Ponce el lunes 23 de febrero, cuando dice que este "tirón de orejas nos llama más a la radicalización que a la rectificación" http://www.ecuadorenvivo.com/politica/83-videos/11545-ximena-ponce-el-tiron-de-oreja-nos-llama-a-la-radicalizacion.html#.Uw16GSwo5jo; o la columna de Leonardo Vicuña, miembro del Buró de AP, en el Telégrafo del 26 de febrero, donde, con un malabarismo de los números y análisis parcial, termina afirmando que AP ha logrado la victoria en "3 provincias de mayor población y cantidad de electores, Guayas, Pichincha y Manabí, que representan el 53 %, a lo que se agrega Los Ríos, Santa Elena, Santo Domingo, Cañar, Tungurahua y Chimborazo" http://www.telegrafo.com.ec/opinion/columnistas/item/remezon-politico.html).

El sectarismo es un vicio que ha contaminado a la práctica de la izquierda ecuatoriana durante muchos años y de muchas maneras. Nos ha llevado a excluir, descalificar, condenar y proscribir a quienes disienten, incluso cuando estas discrepancias se dan dentro de la misma línea general de acción política.

Cuando la izquierda no estaba en el gobierno o en otras instituciones del Estado, las prácticas sectarias tenían un ámbito limitado de daño (las universidades, los sindicatos, las organizaciones populares o los partidos y movimientos de izquierda). Puedo afirmar incluso, que en aquella época, el sectarismo fue uno de los vicios que impidió que la izquierda pueda llegar al gobierno. De hecho, la propuesta de la Revolución Ciudadana, pudo ser exitosa porque superó los vicios sectarios y logró la inclusión de las más variadas posturas y representaciones de la izquierda en el Ecuador, tanto en el 2006, para el triunfo de Correa a la Presidencia de la República, como en el 2007, para la estructuración de la Asamblea Constituyente.

El sectarismo cuando se ejerce desde el poder, provoca un daño de amplio espectro. En este nivel, se ha condenado no solo a quienes tienen posiciones claramente opuestas a la línea política, sino a quienes, siendo parte del "Proyecto", han disentido de alguna manera. Esto ha culminado en la exclusión de muchas personas y organizaciones que apoyaron y contribuyeron a la propuesta de la Revolución Ciudadana y que, incluso desde fuera, comparten muchos de sus postulados, a pesar de las críticas realizadas a ciertas prácticas y decisiones ejecutadas por el gobierno. Allí están personas como Alberto Acosta, Gustavo Larrea, Manuela Gallegos y organizaciones como Ruptura de los 25 y Poder Ciudadano.

En el lenguaje y práctica del sectarismo se hace indispensable la descalificación del que disiente. En el lenguaje, se han utilizado términos como "izquierda infantil", "izquierda aventurera", "izquierda tira piedras y cierra caminos", "ecologismo infantil", "abortistas", etc. En la práctica, se han utilizado mecanismos del poder judicial, electoral, de las instituciones de control y vigilancia, para atemorizar a los disidentes, el "veto" a nombres para trabajar o contratar en determinados ámbitos y otros usos persecutorios del poder.

Por ello, señalar al "sectarismo" como uno de los errores cometidos es esencial, más cuando lo hace el Presidente Rafael Correa. Él ha afirmado que se ha manifestado tal sectarismo, por ejemplo en la falta de una alianza con el movimiento Avanza. "Nuestro principal rival en las elecciones es el partido de Ramiro González, que es nuestro aliado en la Asamblea. Sufrimos el síndrome de ser el movimiento más grande", dijo el Presidente (http://www.elcomercio.com.ec/politica/avanza-Ecuador-elecciones-correa-Alianza_Pais_0_1091890862.html).

Seguramente, una alianza con este movimiento hubiera evitado que el candidato a la alcaldía de Cuenca por AP pierda las elecciones. Pero la práctica sectaria está instalada en varios niveles de la dirección de AP y como lo ha dicho Ramiro González, hubo dirigentes que ni siquiera contestaron a su propuesta de unidad. "Es una pena que Paúl (Granda) haya perdido. Nosotros quisimos hacer una alianza, pero el señor (Fernando) Cordero no estuvo de acuerdo", sostuvo González (http://www.elcomercio.com.ec/politica/avanza-Ecuador-elecciones-correa-Alianza_Pais_0_1091890862.html)

El Presidente ha señalado que este "sacudón" será positivo para AP y al haber afirmado que el "sectarismo" es uno de los errores cometidos, creo que muestra una importantísima acción de autocrítica.

No obstante, vale la pena advertir los peligros de que esta importante autocrítica sea funcionalizada desde la razón y los intereses del poder, y por tanto pierda toda su potencia renovadora.

Si superar el "sectarismo" implica solamente una alianza con los representantes electos de Avanza y otras fuerzas afines al gobierno en los gobierno locales, el efecto será casi nulo en la perspectiva de una "rectificación". Y esto porque el pragmatismo de la acción local presionará no solo a los aliados políticos del gobierno (Avanza y Partido Socialista-Frente Amplio), sino a los electos por tiendas políticas opositoras a negociar con el Gobierno Central, para poder alcanzar un buen desempeño local.

Superar el sectarismo implicaría hacer un profundo ejercicio de renovación de la práctica democrática del Presidente, sus colaboradores de alto rango y el movimiento de gobierno AP. Esta renovación tiene que ver con cosas esenciales y no solamente con alianzas pragmáticas o cambios de funcionarios. Tiene que ver con reconocer que la democracia es bastante más que llamados continuos a la legitimación electoral. Esto es una parte de la democracia: su parte plebiscitaria y de representación. Pero hay que ampliar a los componentes de la democracia participativa y deliberativa, parte esencial de una Revolución. Tiene que ver con la construcción de consensos, dentro del Proyecto Político y fuera de él, con las organizaciones sociales, con los movimientos ciudadanos, con las organizaciones políticas que suscriben las propuestas de transformación democrática, soberana, popular para el Ecuador. Tiene que ver con el respeto democrático a la movilización, a la organización autónoma, a la multiplicidad, a la heterogeneidad, a la crítica del poder.

En las elecciones del pasado domingo se afirmó en el Ecuador que las organizaciones políticas llamadas de izquierda y centro izquierda siguen teniendo un gran apoyo electoral. Se afirmó que la propuesta de la Revolución Ciudadana, sigue teniendo un gran apoyo electoral. Este hecho implica una gigantesca responsabilidad para quienes dirigen y lideran estas posturas, porque el apoyo obtenido se combinó también con una gran crítica a través del mecanismo puesto a disposición del pueblo: el voto.